Lección de caligrafía
La luz de Loen y Kai asomaba por el tragaluz. Junto a ella, las voces de las últimas recolectoras rezongando deseosas de terminar su turno, dejar la hilera y regresar junto a su familia. Desde la cama, Mae soñaba con acompañarlas. Tenía el porte indicado para recoger junco del valle. Era más alta y más fuerte que casi todos los niños de la plantación. Incluso sacaba media cabeza a Vano, un verano mayor que ella. Algunas niñas de su edad ya se habían incorporado en la pasada siembra. Se ocupaban de tareas auxiliares como el traslado de fardos o el suministro de agua y pan. Esa noche Mae deseaba salir. Esa no era noche para las historias de Amina. Hasta donde recuerda, al terminar cada jornada en la residencia señorial aquella mujer había dedicado un pedacito de su tiempo para contar a los niños cuentos y leyendas sobre un pueblo desaparecido hacía cientos de veranos. El capataz estaba al corriente de esta inusual actividad pero no le había dado mayor importancia. Es posible que ...