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Lección de caligrafía

  La luz de Loen y Kai asomaba por el tragaluz. Junto a ella, las voces de las últimas recolectoras rezongando deseosas de terminar su turno, dejar la hilera y regresar junto a su familia. Desde la cama, Mae soñaba con acompañarlas. Tenía el porte indicado para recoger junco del valle. Era más alta y más fuerte que casi todos los niños de la plantación. Incluso sacaba media cabeza a Vano, un verano mayor que ella. Algunas niñas de su edad ya se habían incorporado en la pasada siembra. Se ocupaban de tareas auxiliares como el traslado de fardos o el suministro de agua y pan. Esa noche Mae deseaba salir. Esa no era noche para las historias de Amina. Hasta donde recuerda, al terminar cada jornada en la residencia señorial aquella mujer había dedicado un pedacito de su tiempo para contar a los niños cuentos y leyendas sobre un pueblo desaparecido hacía cientos de veranos. El capataz estaba al corriente de esta inusual actividad pero no le había dado mayor importancia. Es posible que ...

Manual personal e intransferible. Capítulo I, "El valor del silencio".

Ayer leí un interesante post en un digital cultural sobre Kierkegaard y la reivindicación que hacía de los silencios como una especie de medicina social. La publicación es ideal, ya que tiene una perfecta aplicación en el mundo que lee estas líneas, dos siglos después del nacimiento del autor. Ruido y mensaje. Lo trascendente y lo irrelevante. Uso a menudo Instagram, Twitter y Whatsapp. No consumo prensa escrita ni televisiva, pero sí digitales (o versiones digitales). Soy incapaz de contar la cantidad de información que recibo de innumerables fuentes en un día de mucha actividad en la red. Aparte están los comentarios de barra de bar, la oración diaria sobre el "corona" y la nueva celebridad cancelada por cagarla ese día (quizás escriba algo sobre la "gamificación" del odio en las redes sociales). Y luego, por supuesto, los problemas de uno, cómo me nace el día, las lecciones tomadas en clase y los avatares de la socialización voluntaria e involuntaria. Me mareo só...

Dando la murga

De nuevo por este espacio. Seguramente no tuvisteis la fortuna de poder leer las primeras publicaciones que hice por aquí hace algunos años. Mejor que así sea. Si bien el motivo que me llevó a escribir en un "pureta-blog" en aquella vez es parecido al que ahora me trae de vuelta a este lugar, mi predisposición ha cambiado. No me gustaría que esta vez acabase como la anterior, lamentando haberme abierto demasiado ante gente "cárnica" que no puedo ver en persona. No tengo claro cómo enfocar este espacio y lo más probable es que vaya cogiendo forma con el tiempo, pero a grandes rasgos mi objetivo con El Lápiz de Roland es publicar aquello que el ritmo de otras redes sociales no me permite hacer público con la suficiente soltura y libertad, y la conciencia tranquila de no estar dando el coñazo en vuestros "timelines". Me explico: ¿Qué encontraréis aquí? Aquí podréis encontrar reflexiones mundanas sobre mi vida y mi complicada relación con ese extraño entorno ...